Hoy hemos querido compartir con todas vosotras/os una entrevista muy interesante que realizaron en GEICAM a Natalia Blay, una mujer a la que hace 7 años se le diagnostico un carcinoma de mama por lo que recibió quimioterapia, se le intervino y después recibió radioterapia. Después de todo esto, en el 2016, dio a luz a una niña y todavía hoy sigue acudiendo a los controles del Servicio de Oncología. Por ese motivo, nos parecía tan interesante compartir esta entrevista en la que de primera mano, se puede conocer la experiencia de esta mujer: el cáncer de mama se cruzó en su camino pero ella apostó por que su maternidad se hiciese realidad.
Pues la verdad es que no me lo podía creer, se oyen muchas cosas sobre el cáncer pero nunca pensé que me fuera a pasar a mí y mucho menos tan joven…
En mi familia es fácil de imaginar, consternación al principio y mucho apoyo tan sólo un instante después. Mi familia estuvo ahí desde el principio, en las pruebas, diagnóstico y demás. Recuerdo a mi madre, decía que eso le tenía que haber pasado a ella que ya tenía una edad pero no a mí. En cuanto al apoyo social, fue una de las cosas que más me sorprendió al principio; mis compañeros de trabajo, amigos y familiares, todos estuvieron ahí y me sentí muy muy querida. Era curioso y en ocasiones sorprendente ver las reacciones de la gente, tan auténticas en un momento así.
Creo que esta pregunta es clave, ya que la respuesta es un sí rotundo. Es difícil de explicar… De algún modo sigo siendo la misma, pero en mi interior siento que algo en mí cambió para siempre; muchas cosas en realidad. Nunca he dado mucha importancia al trabajo, siempre me he considerado una persona que trabaja para vivir y no lo contrario. Tardé mucho en incorporarme a trabajar tras el tratamiento, sentía que una cosa era el tratamiento en sí y otra el tiempo de recuperación, necesitaba llenarme de fuerza y energía tras un proceso que, llegado determinado momento, te deja agotada. Cuando finalmente me incorporé me di cuenta de que no podía seguir el mismo ritmo que antes llevaba, me sentía mucho más cansada, por lo que decidí solicitar una reducción de jornada. Aunque este fue sólo un primer paso, había una idea que me rondaba por la cabeza… Nunca pensé que algo así me pudiera suceder pero así había sido, ¿quién me garantizaba que esto no volviera a suceder, o cualquier otra cosa? Es como que de pronto tomé conciencia de que nunca sabemos lo que nos depara el futuro, ni cuánto tiempo más vamos a tener. Ideas varias se sucedían en mi cabeza… La gente espera a hacer lo que más le gusta en el momento de jubilarse pero mucha gente muere para ese entonces o poco después de comenzar a disfrutar de sus sueños. Así que no lo pensé más, hice un par de pruebas y decidí comenzar a vivir ya mis sueños; en ese momento quería dejar de trabajar e ir a vivir a las montañas y así lo hice. Circunstancias varias hicieron que esto se pudiera dar, pero las más importantes fueron mi coraje y decisión. No a todo el mundo le resulta fácil entender esto, he de decir que recibí menos apoyo y comprensión entonces, pero yo sí tenía muy claro lo que quería y fui a por ello sin dudar. Este fue el cambio más importante pero ha habido muchos más, desde pasar a usar calzado cómodo en mi día a día, hasta aprender a decir no a un montón de cosas que hacía por inercia y sin llegar a sentir si era realmente lo que me apetecía.
La verdad es que me lo había planteado hacía relativamente poco tiempo. Pasé de pensar en tener niños porque era lo que hacía todo el mundo a pensar y sentir si realmente era eso lo que yo quería en mi vida. En el momento del diagnóstico me inclinaba más por el no que por el sí.
Las opciones no eran muchas. Hay un protocolo establecido para cada tipo de cáncer y edad y a mí se me aplicó el que correspondía, en mi caso quimioterapia, operación y radioterapia. Desde el primer momento se me comentó los efectos que podía tener el tratamiento en mi fertilidad y se me remitió al lugar que correspondía para prevenir esto. Aunque la verdad es que recuerdo que en esos momentos sentía mucha confusión, yo iba de un lado a otro porque era lo que tenía que hacer, pero en medio del shock inicial me sentía un poco como un títere que movían otras manos. Entiendo también que el tiempo apremiaba y que no era cuestión de tomarse un tiempo asimilando la situación, pero eso no cambia el recuerdo de cómo lo viví en aquel entonces.
Lo cierto es que sí, se me explicó todo muy bien y yo capté lo que buenamente podía captar en esos momentos. La información recibida no cambió en nada mis sentimientos respecto a la maternidad, si bien me preguntaba si todo eso era necesario si ni si quiera sabía si quería ser madre.
Me sometí a una intervención quirúrgica con el fin de preservar una porción de corteza ovárica que contuviera óvulos sanos. Por otro lado comencé a formar parte de un estudio en el que se pretendía proteger los ovarios de algún modo, si bien no finalicé tal procedimiento por decisión propia.
FUENTE: GEICAM
Hoy hemos querido compartir con todas vosotras/os una entrevista muy interesante que realizaron en GEICAM a Natalia Blay, una mujer a la que hace 7 años se le diagnostico un carcinoma de mama por lo que recibió quimioterapia, se le intervino y después recibió radioterapia. Después de todo esto, en el 2016, dio a luz a una niña y todavía hoy sigue acudiendo a los controles del Servicio de Oncología. Por ese motivo, nos parecía tan interesante compartir esta entrevista en la que de primera mano, se puede conocer la experiencia de esta mujer: el cáncer de mama se cruzó en su camino pero ella apostó por que su maternidad se hiciese realidad.
Pues la verdad es que no me lo podía creer, se oyen muchas cosas sobre el cáncer pero nunca pensé que me fuera a pasar a mí y mucho menos tan joven…
En mi familia es fácil de imaginar, consternación al principio y mucho apoyo tan sólo un instante después. Mi familia estuvo ahí desde el principio, en las pruebas, diagnóstico y demás. Recuerdo a mi madre, decía que eso le tenía que haber pasado a ella que ya tenía una edad pero no a mí. En cuanto al apoyo social, fue una de las cosas que más me sorprendió al principio; mis compañeros de trabajo, amigos y familiares, todos estuvieron ahí y me sentí muy muy querida. Era curioso y en ocasiones sorprendente ver las reacciones de la gente, tan auténticas en un momento así.
Creo que esta pregunta es clave, ya que la respuesta es un sí rotundo. Es difícil de explicar… De algún modo sigo siendo la misma, pero en mi interior siento que algo en mí cambió para siempre; muchas cosas en realidad. Nunca he dado mucha importancia al trabajo, siempre me he considerado una persona que trabaja para vivir y no lo contrario. Tardé mucho en incorporarme a trabajar tras el tratamiento, sentía que una cosa era el tratamiento en sí y otra el tiempo de recuperación, necesitaba llenarme de fuerza y energía tras un proceso que, llegado determinado momento, te deja agotada. Cuando finalmente me incorporé me di cuenta de que no podía seguir el mismo ritmo que antes llevaba, me sentía mucho más cansada, por lo que decidí solicitar una reducción de jornada. Aunque este fue sólo un primer paso, había una idea que me rondaba por la cabeza… Nunca pensé que algo así me pudiera suceder pero así había sido, ¿quién me garantizaba que esto no volviera a suceder, o cualquier otra cosa? Es como que de pronto tomé conciencia de que nunca sabemos lo que nos depara el futuro, ni cuánto tiempo más vamos a tener. Ideas varias se sucedían en mi cabeza… La gente espera a hacer lo que más le gusta en el momento de jubilarse pero mucha gente muere para ese entonces o poco después de comenzar a disfrutar de sus sueños. Así que no lo pensé más, hice un par de pruebas y decidí comenzar a vivir ya mis sueños; en ese momento quería dejar de trabajar e ir a vivir a las montañas y así lo hice. Circunstancias varias hicieron que esto se pudiera dar, pero las más importantes fueron mi coraje y decisión. No a todo el mundo le resulta fácil entender esto, he de decir que recibí menos apoyo y comprensión entonces, pero yo sí tenía muy claro lo que quería y fui a por ello sin dudar. Este fue el cambio más importante pero ha habido muchos más, desde pasar a usar calzado cómodo en mi día a día, hasta aprender a decir no a un montón de cosas que hacía por inercia y sin llegar a sentir si era realmente lo que me apetecía.
La verdad es que me lo había planteado hacía relativamente poco tiempo. Pasé de pensar en tener niños porque era lo que hacía todo el mundo a pensar y sentir si realmente era eso lo que yo quería en mi vida. En el momento del diagnóstico me inclinaba más por el no que por el sí.
Las opciones no eran muchas. Hay un protocolo establecido para cada tipo de cáncer y edad y a mí se me aplicó el que correspondía, en mi caso quimioterapia, operación y radioterapia. Desde el primer momento se me comentó los efectos que podía tener el tratamiento en mi fertilidad y se me remitió al lugar que correspondía para prevenir esto. Aunque la verdad es que recuerdo que en esos momentos sentía mucha confusión, yo iba de un lado a otro porque era lo que tenía que hacer, pero en medio del shock inicial me sentía un poco como un títere que movían otras manos. Entiendo también que el tiempo apremiaba y que no era cuestión de tomarse un tiempo asimilando la situación, pero eso no cambia el recuerdo de cómo lo viví en aquel entonces.
Lo cierto es que sí, se me explicó todo muy bien y yo capté lo que buenamente podía captar en esos momentos. La información recibida no cambió en nada mis sentimientos respecto a la maternidad, si bien me preguntaba si todo eso era necesario si ni si quiera sabía si quería ser madre.
Me sometí a una intervención quirúrgica con el fin de preservar una porción de corteza ovárica que contuviera óvulos sanos. Por otro lado comencé a formar parte de un estudio en el que se pretendía proteger los ovarios de algún modo, si bien no finalicé tal procedimiento por decisión propia.
FUENTE: GEICAM
ASAMMA (Asociación Alavesa de Mujeres con Cáncer de Mama y Ginecológica)